26 marzo 2006

Tool Time

Cuadrada y grande, abandonada, perfecta. Lo primero que haré será comprar un par de tasas, hermosas de metal, al menos tres. Dos sábanas. Mucha tela, mucha tela, y plumas. Alambres, ya los he elegido, un material con encanto. En la esquina existe un hoyo que ampliaré de manera prolija, como cuando trabajaba con mi padre. Ensarto un tubo, y la gran cocina de férreo acero me dará calor y comida. Los símbolos del metro realzarán su belleza, y sus asientos forrados recibirán buena compañía. Un lugar mejor que allá afuera, que es mío, pero de todos ellos también. Seré como el guardián de este lugar mejor, un subterfugio a la fría calle aunque sólo alcance para pocos. Ya me quedan cincuenta mil y se comprarán dos ollas brillantes; un termo eléctrico para tomar agua con la esencia de turno; una lámpara, de buen aspecto, para matar las noches en que mis amigos sean silenciados por el alcohol, o por que simplemente no estén. Una mesa, sí, una mesa dura y gruesa donde poder apoyar mi rostro, cansado de tanta desconfianza. Se me dieron dos prendas, casa nueva, ropa nueva. Me gasto el resto en calzoncillos, y calcetines, los últimos bastiones ya de mi dignidad en el vestir. Nadie me ayuda, están todos en el suelo, llegaron del centro sin ninguna novedad más que pan y ojos hinchados. Ya terminé, y se parece a la casa de Simbad el marino, esa de las revistas. Me dan agua, yo compro jabón y lavo regularmente todo. Acá adentro es más fácil conversar, don Peter, a veces prefiere el calor de este vagón al vino. Siento que me hormiguea el cuerpo, estoy feliz acá. Sigo pidiendo, tal vez más que antes, pero cobra cierto sentido, hay que comprar el diario, hay que comprar el mate que tanto nos gusta, pues ¿qué otro sentido tiene la comodidad?. Puedo pensar las cosas mejor si el frío no me cala los huesos. Ahora pedir no es una vergüenza tan grande. Voy a trabajar, sé que algo me darán. Tal vez me despidan sin paga como hace dos años, pero ahora, con un reducto, es todo diferente. Mis amigos cuidarán la casa. No hay trabajo a los setenta, mis hijos deberían ayudarme aunque sólo les di olor a trago. Nada como recostarse acá. Me encantan como se ve esa jarra de cristal con café, junto con los vasos metálicos sobre la mesa. Pareciera un metro de primera clase con asientos forrados y cafés para servir. Me gustaría decirles, a ver si opinan lo mismo, pero siempre dicen que hablo cosas raras. El diario es como un traje fino y un buen perfume, con él en mi mesa me siento más parecido a los que me desprecian. Leo la vida de todos esos pesados, más feos que yo si les pusiera mis barbas y ropas. Si la gente conociera lo simpáticos que son mis amigos, saldrían en la tele, eso si, después de comer y bañarse en el servi-centro. Yo no lo hago nada mal, soy más educado que toda esa tropa de políticos, jamás insultaría a alguien, nunca lo he hecho, si los demás me joden, allá ellos, yo sigo mi vida y ayudo a los que quiero, y si pido es por que necesito comer. Es muy bien ventilado todo, no hace tanto calor. Al lado una construcción se derrumba y saco palos en invierno.¡qué bien han de sentirse los que viven en mansiones, el deleite debe ser enorme y continuo!, me encanta esto de tener un techo. Vienen los señores carabineros y me felicitan por tan linda casa, a pesar de que es ilegal. Ellos me estiman y me dejarán seguir. Las pandillas aún no se enteran, miran de reojo como salgo más limpio que antes, pero creo que no les calza que en ese recoveco, viejo y clausurado por rojos latones, hayan tirado un vagón, ni mucho menos que me lo haya organizado. Los viejos que piden en las calles contiguas, parecen enfadarse cuando el de al lado llega más limpio, por eso, les cuento nada. Por que para mí es un lujo, también el de mis compadres más cercanos, que son mi familia. Los niños se asoman con frecuencia, parecen encantados, incluso me hacen sentir importante, con sus miradas me dicen que soy afortunado en tener un lugar así. El problema es que debo, por una natural defensa, espantarlos, pues se han criado mal, de cuando en cuando me les acerco y noto que podrían destruir mi casa como un juego del que nadie está para corregirlos. Sentado en la calle, pidiendo, no puedo esperar la hora de ir a mi “cuarto”, tengo ansias de comprar el alimento que fuere, con el solo propósito de compartirlo ahí dentro. Con dos jarras de leche en mi mis manos, la gente nota como se me destruyen, como las destruyo con ira y lágrimas al ver que mi casa está por la mitad. Mis amigos botados, con doscientos miserables pesos en la mano, y llenos de tinturas en el pelo. Don Pedro se ríe, no sé de qué. El techo, abollado, parecía peor a lo lejos. Decido que no hay otra manera, pues estoy desposeído, no puedo opinar, sólo me queda seguir, los policías tal vez me defiendan de quienes debieran ser mis aliados.

18 marzo 2006

Amanece

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Alborada repleta de esquinas
de nariz cercana y detalles fastuosos
de salir sol por el poniente
de abrir tus ojos universales
y solo ver rastros de libertad
ahora atada a tu talón
por decisión propia

Enfermamente soberbios
fundamos reglas nuevas
de sumar sin aumentar
acá yo, ella
allá tú, él
un poco mas cerca
aquí nosotros, ambos
aquí uno, uno

La cama plena
de árboles según tus poros
bosque de piel
cascada de lengua
y quise reinar cada gota
tatuar con mis labios de hembra
tus muslos
y algo mas
si la pasión alcanza

Descanso ahora sobre pecho yermo
escupo a relojeros
un vaivén simple
parcela mi tiempo
en segundos de sístole
y diástole

Y soy Cronos
señora de época
apuro tu reloj
con besos simples
y caricias no tanto
------------------------------------------------------------
La bruma despobla mis ojos
el sol de los tuyos
calienta la pieza
y no solo a ella

No pudo ser un sueño
y si lo fue
redefino sueño
como sueño, tus ojos
como ensueño, tus manos
como cielo, tu misma y tus prados
tu pasto tierno
y tu pelvis de cuna

Única dueña de mi amor no eres,
como no amar tu pasado
tus pasados
que forjáronte ama-ble
en cada instante
en cada parte

Como no amar tu futuro
de madre cálida
como la mía
de niños corriendo
pero dejemoslo pa después
ahora quiero correr yo
sobre tus cerros
hasta sacudir cimientos
en lo profundo de tu tierra

Y regar sangre blanca...

- ) Te Amo
* ) te Amo mas
- ) Lo dudo....

10 marzo 2006

Surge una brisa.

Si el señor Dolor se queda a cenar, prefiero que se digne a comer con sus dos manos, y suelte a mi Calma de su delicado cuello. Para cuando acabe su plato, espero que repare, en lo herido, y en lo rojo que fabricaron sus manos. Sería mucho esperar arrepentimiento del señor dolor, a lo sumo me conformo con que, al ver mi vapuleada calma, diga: ¡Qué fea está! , ¡Tan mal la dejé, que no la ataré más!

Luego, no es deseable que el señor Dolor camine por cualquier parte de mi ser, es muy deseable que, aun pisando mis jardines, se congracie con no visitar mi templo, ese constructo enorme que siempre ha vivido en mi pecho.

Si el señor Dolor ha cumplido ya su labor (añoremos que tenga alguna utilidad), bien puede irse lejos, con gusto le asignaré un reluciente ejemplar de un Código de Conducta que para entonces ya le habré terminado de confeccionar, así cuando me abandone, e infecte otros mares, podremos esperar una conducta más indulgente y civilizada. Habrá para él, tal como en ciertos países, un “Estado de Derecho”. Esperemos que este “Sufrimiento en Derecho”, acerquen al conflictivo y tantas veces díscolo señor Dolor, a ese camino de compasión que cada una de sus victimas desea, y deseamos. Si esto no sirve, lo aceptaremos con él, es decir, “con Dolor”.

Debo reconocer, con dolor, que es difícil librarse del señor Dolor, pero a usted señor Dolor, sí, a usted le digo con alegría (Una gran tipa): su sentencia de muerte está ya dictada, por la máxima autoridad. Bien puedo decir, aunque usted y su olor estén aquí, que lo considero derrotado, muerto.

08 marzo 2006

Oye weón, y ¿como te fue en el campo?

Unas noches tan bellas, tanto
que los niños no les temen
que obligan a dormir de día
pinceladas de estrellas tan cercanas
que puedo manipularlas
para escribir tu nombre

Conoc
í un bosque cantante,
si estás dispuesto a escucharlo,
uno que apunta fiel al cielo, derechito
bajo el lago de estrellas, parejito
y en su canto me mostró
su corazón de anciana
madre, hija y mujer
vestida de vestido
del rojo ido
de su placer
a veces
a veces

También conocí una playa
de tanto viento
que el silencio es obligación
un mar bravo como toro
(quizás toro capado, pero toro al fin)
de aguas limpias como lágrimas
(si, esas mismas de la última vez)

Una cama con olor de quien te ama
enclaustradas en piezas
de hierba mate
y canela

Abracé el campo y su sol
entre espigas
cargué papas
y ata'os de oro
pa' hacer harina

Encontré un aroma tan maravilloso
como los besos
de quien aún no conozco
(pero quiero puro conocer, ni gil)

Pero sinceramente todo fue un suspiro
cuando los encontré a ellos
de setenta o mas ambos, que mas da
sin dientes el
con barba ella
me enseñaron en clase simple
la magnitud del amar
de manos entrelazadas
al ocaso del día,
de la vida

El menú siempre incluye caldo
con papas, de preferencia
y ají
en abundancia.

28 febrero 2006

Como Manzanas


Usted ha de abrir su palma, la que le acomode y hecho esto es aconsejable tomar el objeto (cuidado, acá empieza lo difícil).
La meta primera consiste en sentir los detalles, cada una de sus yemas debe sentir la grasitud superficial del fruto, ingenua y juguetona, pulcra. En el acto, pulgar, índice, medio, anular y chico han se sentir la tensión, el esfuerzo en la cáscara, porque estamos hablando de una semilla con presencia, no esas semillas inocuas e insignificantes, sino una con carácter. El ballet de sensación debe terminar al sentir como se calienta al tacto. Un pequeño y fútil juego con el ovocito es altamente recomendable, escuchar como grita al encuentro con la mano cuando arranca de la gravedad.
El siguiente paso es verla relucir al sol de la mañana, del mediodía y el atardecer, ponerla encima de una mesa y admirar como baila en silencio, gobernando cual princesa su reino llano de cuatro esquinas (mantelado o no).

Ya que hemos tocado este punto crucial, quiero destacar como deben ser observadas todas las cosas.
El proceso de observación exige meticulosidad, tino y sonrisas; en el caso de la manzana, ha de actuarse del siguiente modo:

Usted debe reparar en cada detalle, cada cambio de tinte, cada color propagándose por su cáscara, cada imperfección, cada veta de vida alimentada a luz y agua ( he allí su nobleza), y percibir (ATENCIÓN, pueden olvidar todo lo anterior, pero este paso siguiente lo declaro IN-olvidable) ese aroma, a vida, a historia, lo recomendable es tomar tanto tiempo como sea posible observando su aroma.
El paso siguiente es tomar el tiempo y observar con su prisma, sentir el fruto y el árbol, el viento meneando las hojas en ramas, el sol generoso inflando óvulos, el pájaro que con las ramitas hace familia (y nido en su defecto); se ha de sentir como las raíces calan en la tierra, Si, esa misma que a usted le ensucia la casa, la misma de este tercer planeta, la misma que enterró o enterrará a su madre (y a usted mismo, con todos sus defectos); sentir, el año entero comprimido en una palma, lluvias, amores y des amores, sueños, familias, odios y fecas, esperanzas y condenas...

Luego de hecho todo esto y comprender que incluso al comer una manzana usted ha intervenido de una manera irrevocable el universo, pero mas aún, El universo ha intervenido en usted con todas sus causas y todas sus consecuencias, puede comenzar a masticar
(agregar papilas gustativas... a gusto)

24 febrero 2006

Las dudas suelen atacar en lugares lujosos

Esta vez, el carismático Bob Sacamano, hechará mano a su verborrea y maña para alegrar el ánimo de aquel lector que piensa que la risa no está en onda, o peor aún, a aquel que cree que la alegría y Bob están en pugna . No se pongan reacios a la risa, si quiere reírse, haga un esfuerzo, no vaya a ser que haya leído estas líneas sin siquiera esbozar una sonrisita, por último, de verguenza ajena. No reírse seria un error severo, y todos sabemos como Bob Sacamano detesta los errores severos.

Era un Hotel lujoso, le había dicho al taxista que me llevara al comedor con más exclusivo y caro que conociese. Afortunadamente el tipo conocía el sector alto de la capital y no me llevó a donde "El Lucho", como en algún momento temí. Mientras mis dedos jugaban con la bolsa de té Lipton que saqué minutos antes de la salir desde la despensa de mi cocina, el mozo con ínfulas de ministro, me pasó la carta, presto le dije, que sólo quería un vaso de agua, me miro extrañado, le enseñé la bolsa de té y le dije: " Un vaso de agua hirviendo". Actuó como si me tomara el pedido y se marchó, al minuto regresó con un viejo grande de pelo cano, quien parecía ser el semental que procreó a toda esa masa de mozos aparentadores, me miro seguro y me dijo: "Señor, usted es una persona normal , usted me entiende, no podemos atenderle en aquello". Me hizo gracia el caballero, salí afuera y mientras caminaba por los cuidados jardines, reflexioné que lo extraño de la situación se puede deber a mi alimentación de ebrio, y no a mi genalidad de creador original, es decir, debo dormir más y comer mejor, en ese proceso de recuperación me encontraba, cuando Milan Kundera se me apareció en un sueño y me pasó el siguiente poema, a modo de explicarme, con un ejemplo concreto, lo que jamás debe hacerse con una buena obra. Me dijo: "Toma, no lo publiques". Publicar este artifício es casi un error severo, pero bueno, Bob Sacamano predica con el ejemplo ,y recicla la basura dándole una función útil. Tal como una botella de Coca-cola es un macetero, Bob le porfía a Kundera:


¿Letras o cornflakes?

Comer o no comer,
Injusto por que yo vivo en Platón,
y las letras se olvidan de aminoácidos esenciales.
Por que los pobres no lo querrían escuchar,

Ningún nutriente sin garbo vendrá a intervenir,
Por las propias quiero vivir.
Ya se gastan las glucosas y los ciclos alteran electrolitos,
Si no se piensa con el alma, este caos sea bendito,
Coma, coma, cerebrito.

.....¿Letras o Cornflakes?, una al desayuno, lo otro en las onces.
No es armonioso,
Pero que vaya para ricos y pobres.

Es así como me dí cuenta que necesito ordenar mi vida en muchos aspectos, y sólo publicar poemas de Borges.

21 febrero 2006

SUCEDÁNEO

Todo está viciado y debo saber encontrar un nuevo aire. Esta micro, llena de gente, es el lugar preciso para estar mejor. La forma en que le grité, cómo golpeé la mesa, esa imagen que no me abandona, esa imagen en donde ambos salíamos disparados por la ventana, y sonreíamos en el aire. Cómo puedo pensar tan mal acerca de él, como puedo tener en mí tan baja estima, qué clase de entierro es este, dónde está el ataúd, donde están los que me lloran, por favor, que se siga el conducto regular y que este funeral no se disfrace en amigos que se van, y estudios que fracasan, y en sombras que me gritan cuan mal está el prójimo, yo quiero morir en un entierro con pompa, aunque sea fúnebre, pero esta vida que llevo no es pompa, es bomba, estorba y deforma el resto y al resto, desdibuja la belleza intrínseca del nacer, por que yo creo en el nacer, por que yo creo en la vida, no en la mía, pero creo. Cuando el sonsonete de la micro me parece como una sinfonía refinada, realzada por los acordes de las conversaciones de los pasajeros, el conductor mueve su mano y gira la perilla con la diligencia de un arqueólogo en Sacsahuamán, veinte pestañeos míos y la radio se prende, y comienza a sonar “Nothing compairs to you” o algo así. Entonces digo que es el momento de concentrarme, y aprovechar la media hora de viaje restante, en ordenar mis ideas, para no cometer los mismos errores, etc. Entonces la canción no me permite pensar claro, y vislumbro certezas, que en realidad son pensamientos, y digo que es una señal y que me puedo redimir, y que en realidad nadie se compara conmigo, así como nada se compara con ninguna persona, y pensar que tenemos todos tal dignidad es gratificante, y cambia la perspectiva. Cambia la velocidad de la micro, por que el conductor se desvía por una calle ajena al recorrido, yo lo noto y me quedo sentado, por que es razonable aún, quinientos metros más adelante, es razonable levantarse con cara de enojo e ir hacia delante, pero mejor es seguir con sigilo a un grandote de rostro adusto y vulgar, que cada cierto tiempo dejaba su libro a la vista para sentirse mejor pasajero, un libro sobre vida animal en Costa Rica, y la selva de la portada estaba realmente húmeda con todo el sudor de sus manos, arreciaba la humedad en su rostro, me pareció correcto seguirlo, si él fallaba con sus recriminaciones, lo intentaría yo en seguida. De súbito el conductor, de apariencia agradable y sincera, se bajó de la micro, aduciendo que tenía miedo, que estaba cansado y que su casa estaba cerca, ni el grandote ni yo, con una misteriosa compasión, quisimos hacer eco de tamaña estupidez, para con los demás pasajeros, supongo que se quedaron calmos al pensar que iba por ayuda, no a su casa presa del pánico. Podía caminar, unos cuarenta minutos me separaban de mi hogar, el que será centro neurálgico de mi nueva vida, de las curaciones del alma que mi esposa y mis hijos y mis libros y mis voluntades y mi Dios ejecutarán en mí. Tomé el cigarro que se asomaba por la cajetilla del grandote sudoroso, un poco más a la izquierda de un raído lápiz Parker, y bueno, me bajé de la micro.

14 febrero 2006

Lo Racional del Asunto


Me doy vuelta en la cama de nuevo. No puedo dormir, debe ser porque dormí en la tarde. Me levanto. Aprovecho de hacer el aseo ahora, asi no tendré que hacerlo mañana. Pongo un poco de música, un cd que me regaló un amigo, lo escucho. Lo encuentro fome, pero lo dejo un rato más, hasta que termina. Cuando termina ya estoy acostada de nuevo, cerrando los ojos, pensando en lo que hay para mañana. Después de un rato de organizar las tareas, labores y salidas, me da sueño y dejo de pensar.

Son las 9 y me levanté hace un rato, prendo la tele y me dejo caer sobre la cama. Mi hermano aparece por la pieza y se acuesta a los pies de mi cama, sin decir nada por un rato. Luego comienza a hacerme cosquillas y me río un poco, le devuelvo el favor, jugamos y nos tiramos de los pelos y extremidades. Se hace de mediodía y me voy a duchar, Ulises se queda en mi cama y, cuando salgo del baño, está frente al computador. Tengo que ayudar a mi mamá a hacer el almuerzo, pelo unas papas, rebano unas zanahorias, luego me escabullo y salgo al patio, donde está mi sobrino tratando de meterse a la piscina. Lo detengo con un abrazo desde atrás, lo levanto por los aires y venzo su frustración con cosquillas y morisquetas. Cuando estalla en carcajadas lo dejo en el piso y agarro una caja con libros para pintar, ambos con lápiz en mano, y pintamos mientras me explica los dibujos que aparecen en las hojas. Hora de almorzar.

En la tarde me llama un amigo para salir más tarde, le digo que sí y me voy a arreglar un poco, mientras me miro al espejo está mi sobrino a mi lado, echándose algo en la cara, con el peine en la mano, llevándolo desde la frente hasta la nuca, repetida y lentamente, dándose el tiempo de ordenar los pelos que escapan al orden. Cuando busco mi bolso él ya tiene el suyo, y cuando digo que voy a salir, lo hago cuando él está con mi mamá en la cocina.

Nos juntamos en el metro, cuando llego él está dándose vueltas, mirando para todos lados, menos hacia mi dirección. Lo sorprendo por la espalda y nos saludamos. Hablamos mientras caminamos al cine, que está bien lejos del metro, pero llegamos finalmente y sacamos las entradas. No hay gente en la fila. Nos sentamos antes de que empiece, sin parar de hablar por un rato, riéndonos a ratos, aunque cuando llega el silencio quiero que diga algo. De repente se apagan las luces y se da vuelta hacia adelante.

Termina la película y caminamos despacio por la calle, siempre hay risas, muchas veces lo veo incómodo, hay otras en que se queda callado por largo tiempo hasta que dice algo medio extraño, no lo entiendo, pero asiento con la cabeza. Caminamos mucho y ya estoy cansada, me va a dejar a la micro y nos despedimos. Cuando llego a la casa prendo la tele y me acuesto, me quedo dormida al tiro.

08 febrero 2006

Reencuentro

Andén 5; 10:31, 25º, indica la pequeña pantalla a bordo del bus, está agradable, pensaría cualquiera. La gente ya se impacienta, siempre lo hace, y algunos miran desdeñosos el reloj como si su disgusto trastocara en velocidad.
Mi compañero de asiento lee concentradísimo su periódico, sus noticias poco relevantes, mientras observo una hormiga que merodea mi mano, me gusta pensar que es porque en alguna forma soy dulce y ella lo sabe (la hormiga). La radio del gran vehículo suena algo fuerte, la ley no se cuanto del tránsito acá se la pasan por la raja, el chofer escucha animado a Cristian Castro (creo), mientras nosotros nos conformamos con una anciana hablando por su teléfono personal, <<>> se despide cariñosamente, de al parecer su nuera, dejemoslo como su nuera.
La señora que va a mi lado, pasillo mediante, me mira insistentemente, me creo algo atractivo para algunas ancianas, pero esto es intimidatorio, luego entendí que lo que la turba es mi afición a la escritura, además el tipo del periódico al parecer es su esposo, o pareja ( en estos tiempos, quien sabe ), puedo adivinar que además van con su hija, joven, de entre 17 y 22, absorta en su walkman, chata, seguramente, es factor común estar chato en los viajes con los padres, o aparentarlo por lo menos.

10:46, el cielo se abre un poco hacia la cordillera de la costa, se abre de sol, desde el cubierto variando a melancolía, mas aún, dadas las condiciones almosféricas en las que me encuentro.
El cuento es simple, ella no lo sabe, pero me gusta mucho, toda ella, su ternura, su compañía, sus risas, su inseguridad y ese dejo de maldad que le brilla en los ojos de cuando en cuando, una perversión extraña pero juguetona; nunca sabré cuanto al revés, las mujeres son expertas en eso, pero lo que es yo, tengo una prof.... (TÚNEL.........TÚNEL.........TÚNEL.........TÚNEL.........TÚNEL.........TÚNEL.........TÚNEL.........TÚNEL.........TÚNEL.........TÚNEL)
...unda ilusión de nosotros. Es extraño, pa mi el nosotros tiene una bella connotación, un coito gramatical, el arquetipo de unión, de dejar el mi, para pasar al ambos.
Seguramente, y lo comparto, soy un estúpido, pero me proyecto, trato de evadirlo, escribo, leo, calculo, pero ese futuro futuro se adelanta de fantasias y me llena la cabeza de posibles, el paparazzi implacable de mis ideas.
Yo, yo haría esto siempre, pero el siempre es camisa grande, o blusa en su defecto, para algunos; siempre pienso en el siempre y siempre llego a nada, ahora, me despabilo y confió en que me esperará sonriendo.
Curva en cuesta Zapata, me cuesta concentrarme; ¿será acaso ella a quien he esperado, me daría cuenta si fuese ella?
He de am. (TÚNEL..... ....TÚNEL. ........TÚNEL .........TÚNEL. ........TÚNEL .........TÚNEL. ........TÚNEL. ........TÚNEL .........TÚNEL .........TÚNEL .........TÚNEL .........TÚNEL .........TÚNEL) ... ar cuando ame desde el mi o desde el nosotros? ( omitiría los pronombres distintos al nosotros, para perpetuar las uniones, para rendirle honor al amor, para zanjar lo anterior sin apelación, para hacer de la generosidad una regla gramatical.
26º, 11:22, quedan 50 km, a 100 km/h, siendo muy perspicaz, calculo que llegaré en 30 minutos; la carretera proporciona un fono emergencia, ojalá la vida copiara esas buenas costumbres: << - Alo!, si emergencias, buenas tardes. - Hola, sabe que se me acaba de asfixiar un sueño, que me recomienda......>>.
Mas cerca y mas nervioso ( un letrero de Aló Jesús, se cruza, la vida también guarda sus modales).

La cordillera de la costa tiene naturalmente arbusto de hoja perenne, no mas altos que tres metros, también hay pinos y eucaliptus, reyes de la explotación forestal chilena. Son como criaderos de madera, la que calienta sus hogares y enciende los fósforos que encienden su cigarrillo o su calefont, madera que construye casas ahora. Ahora me saludan con sus pañuelos de hoja larga, a un lado del camino, a ella le gustan los árboles, a mi me gusta ella, con o sin bosque...
Observo, solo observo, una feria de techos improvisados en av. Argentina
Hace frió al descender
Ella me espera
y cuaja un nosotros
en algún lugar
al oeste

Después lo sabría...
era un nosotros
que no era mio

y me quedé sin pronombres para nombrar mis despojos.



26 enero 2006

Malestar de la Conciencia

Daniel vivía todos los días como una serie de televisión: la misma ropa; la misma rutina, las condiciones de su pieza parecían no cambiar jamás, la misma gente dentro de la casa. Salía de casa para saludar a los mismo vecinos de la misma manera. Su concepto de vida era un sinónimo de monotonía. Todo eso estuvo bien por un tiempo, pero luego, mente utópica e idealista, empezó a sospechar de las circunstancias, negándose a lo visto todos los días. Comenzó a seguir los mismos pasos todos los días, en su salida hacia el colegio, fijándose en la hora, gestos, ubicación, asombrosamente viendo la misma gente día a día. Un día se quedó dormido y tuvo que salir corriendo de la casa una media hora más tarde de lo habitual. Vio cómo, además de la gente y las condiciones atmosféricas, la sensación era distinta, entonces concluyó que la vida es distinta a cada minuto, pero igual todos los días.

Unos días después trabó amistad con unos vecinos –vecinas- con quienes se juntaba por las tardes a escuchar música y cocinar cosas dulces. Al compartir apreciaciones –cosa habitual en cualquier tipo de relaciones- se dio cuenta que las suyas acerca del paso de los días no eran compartidas por las niñas, a quienes luego de un incómodo momento de ojos incomprensibles e incomprensivos, dejó de ver los días siguientes. Después de algo así como una semana volvió a visitarlas, sin antes asumir que la vida es un algo dinámico, monótono, pero personal.

Cerca de un año de compartir con las chicas –a plena conciencia y autocontrol-, una de ellas entró a estudiar en una universidad cercana a la suya, por lo que comenzó a irse por las mañanas con ella. Esta chica, llamada Eva, tenía el poder suficiente sobre Daniel, de manera que sus viajes y salidas dejaron de ser las mismas. Al principio fue por la despreocupación de Eva por la hora; luego por las cosas que ella hacía en el camino –no le gustaba irse por el mismo lado, encontraba cada día una maravilla a la que había que apreciar por un buen rato-; pero por lo más importante –cosa que se dio cuenta cuando era demasiado tarde- era que su pulso cambiaba al estar ella cerca. Entonces definió la vida como algo dinámico, a veces monótono, personal y dependiente de las personas que están a tu alrededor.

Era imposible para Daniel olvidarse de lo material, no podía distraer su mente de tal manera de no darse cuenta de lo que pasaba frente a sus ojos. Se dio cuenta de su extrema conciencia cuando, en medio de una profunda y creativa conversación acerca de los motivos líricos de unas canciones de los Beatles, Eva iba bajando la intensidad de sus palabras y comenzaba a ver cómo proliferaban las palabras de la boca de Daniel, quién miraba extrañada a Eva, pero continuaba con su perspectiva. Eva apoyó sobre las piernas de él su nuca, direccionando la conversación desde los sicotrópicos, pasando por el contexto político, social, y grupos anteriores a ellos, para llegar al amor, de donde esperaba con ansias las palabras de Daniel, ansiando ese momento en que la realidad se une con la imaginación y donde, concretamente, Daniel se declarara ante ella. Esperó lo suficiente, más de lo suficiente, pero las palabras fueron las indiferentes y multidireccionales de siempre. Momentos después se levantó de donde estaba, rompiendo el hechizo –bajo el que solamente ella estaba-, e iniciando el camino a casa. Daniel notó un brusco cambio en las maneras de Eva, y ya no esperaba para llegar a casa a analizar el asunto. Mujer impaciente y resoluta, Eva clasificó a Daniel como "sin futuro" y continuó en la eterna búsqueda del acompañante.

A las semanas después, cuando Eva se había liado con un compañero –con el que luego terminaría haciendo una familia-, Daniel concluyó definitivamente que la "vida es frenéticamente dinámica, monótona sólo para mí, dependiente solamente de ella".

19 enero 2006

Oda a Bonilla (La ciudad Grita 1)

Definitivamente me gusta el sol, el resplandor alto que agota mis poros al
caminar despacio, el que obliga a fruncir el ceño suavemente; también los
caminos rectos, que me avisan que avanzo, lejanos, que ojalá se pierdan
de vista...

mE GUSTARiSa PsoDER EScRIBRiR CNAMianando, pEroo NoESs
SattISdFacTORiso

El sol, el sol tiene carácter, obvio no es el único, algunos (algunas sobre
todo) les ha de gustar la lluvia, por todo su cuento maternal, el agua que da
vida y quien sabe que, a mi me gusta el sol, sol que tiñe el campo de trigo
amarillo, pal rico pan amasado calentito con mantequilla..

Me gusta, NO!, me agrada la sucesión de árboles que siguen mi paso, que
el viento golpee en las hojas semiperennes amplias como una palma y
verdes como ellas mismas, emulando una aclamación, un vitoreo natural
por sonreír.

No me gusta Cobreloa, a pesar de que sobreabunda en sol, pero si me
gusta el Sunshine, el pasto verde sobre el cual camino, regado por una
manguera negra con orificios pequeños, que regalan arco iris cada algunos
pasos.

Me gusta caminar en verano bajo la sombra, sentarme en el asiento
naranjo del metro y cohibirme al ver que miran lo que escribo
no me gusta el olor a perro muerto
no me gustan las micros amarillas
no me gusta el olor a perro muerto.

...el sonido del metro subterráneo, como un rió discontinuo que acarrea
ilusiones y frustraciones
me gustan las mujeres de petos rojos...Ehhhh, ya no

Me gusta la estación Pajaritos,
no es especialmente grande
no es especialmente bella
tiene 2 kioscos
uno mas al oeste
otro menos
tiene hoy
una linda locataria

y un suave olor a sueño
con expreso dirección costa

31 diciembre 2005

Inicio

La creación es la voz del Verbo,
y todas las criaturas son
como un coro de voces
que va repitiendo este mismo Verbo.
Santo Tomás


De pronto, aparecí en una sala (creo que es eso) blanca, típica, de esas pintadas color silencio, ventanas tan amplias como un punto, esquinas tan acogedoras como las manos de quien no recuerdo mas que por sus pies. Recordé como hablar, y mis palabras tiñeron el aire de imágenes, pronuncié el primer poema de los dones.

Gracias, a los escondidas voluntades
solapadas tras sacos de sueño
por presentarme acá
por el lenguaje olvidado se tiempo
por la rosa que palpo y no tiñe
por la fugacidad de una mañana
por recuerdos que tengo y no me acuerdo
por esta soledad que me purifica del ser
y el ser que divaga en la mañana...

El lugar en principio fue sorprendente, luego de unos segundos, era familiar, el pronunciar palabras de mi boca, producía, como ya lo dije antes, imágenes momentáneas sobre las paredes, pronto descubrí que cada palabra se proyectaba no solo en imágenes, sino también en sentimientos sobre mi, por ejemplo, al decir amor, me sentía un poco enamorado, ese descubrimiento fue tan sorprendente que me hizo repetir la palabra cerca de infinitas veces, luego, decidí repetir también la palabra odio, dolor, sufrimiento, y muchos sinónimos, para percibir matices de sensación. Estuve en este lúdico juego bastantes tiempos, hasta que la maravilla tocó nuevamente la puerta inexistente de mi saloncillo.
En un momento que no recuerdo con detalles, escribí con sangre sobre el piso, algo parecido a un nombre, luego descubrí que era el mio, luego del acto, divisé que se acercaba a mi una silueta.
La tercera maravilla palpitó cuando descubrí que esa persona era yo mismo, en otro lugar, en el mismo tiempo, tan real como todo en ese lugar. Como una forma de romper el hielo, decidí omitir el pronombre tú, ya que el yo suplía todas las necesidades.
También descubrí que el acto de escribir, al ser mas eterno que el de solo pronunciar, hacia que los objetos evocados permanecieran por mas tiempo a mi lado y escribí el segundo poema de los dones:

Escribo por la pluma que tiñe mi libreta
sobre un universo de luz y lugares
recto por reglas generales como mis suspiros
escribo y beso la noche alta y el día blanco
sobre la tierra que es afán de mi belleza
el día que pasa
el cielo y la tierra
la tierra y el mar
el mar y sus criaturas
que crecen amparados en la luz del sol
y sobre los tiempos pasajeros
Escribo y amo
porque hombre y mujer los creé..

Al séptimo tiempo, hube de descansar

13 diciembre 2005

Negro color Rojo

Pesa la carga, negra en mi hombro
de una frustración vestida de negro
cantando negros réquiem en deshonor
de mi vida, también negra

Camino en callejón oscuro
rodeado por las paredes de mis miedos
infranquables como ánimo
tan incólumes, como el negro.

Muerte y vida ya no me aceptan,
la una me abandono guiñandome un ojo, negro
la otra me robo los calzones
negros de desden y desuso

Aunque a veces sueño con luces
lejanas, difusas, de una vida que me perteneció
luces de estrellas en cielo negro
estrellas al fin, negro al comienzo

Ni para culpar alcanzan, estas monedas negras
nada que decir, de este negro carbon
que entrega un humo negro y espeso
de calor y magia, también bastante negra

Porque negra es la pobreza,
que abate y tiñe las negras caritas
de niños que pelean pa no verla tan negra

Porque negra es la ausencia
la suya, su madre, su hermano o el perro
pero espesa y viscosa es la propia, hermano

Porque cuando uno no esta lleno ni de sus mismas
negruras, invade la negra noche y tiñe el alma de negro color caca
caca que su palito mi amigo
no sacara nunca de su charol zapatito
tambien negro
como la oscura tinta
del negro lápiz
en la oscura paciencia
de la apagada pieza
cobija del oscuro carácter
que toma,
ahora la blanca pistola
y tiñe, de rojo color salpicón
este escrito.....


10 diciembre 2005

Comentario

Quisiera que las siguientes tres palabras abran el debate acerca de la concepción que tres libros sustentan de ellas. Las palabras son: Ego, Tedio y Realidad. Según una postura muy razonable, no tiene ningún mérito sustentar el argumento de cualquier libro en base a cualquier palabra, puesto que el acto narrativo, en la medida en que ocupa un par de párrafos está ya usando la biblioteca universal, más aún, en la medida en que una sola palabra es usada, estamos ya ante el presente, el pasado, y el futuro, ya que de alguna manera todos los fenómenos se ligan de formas más o menos sutiles con la palabra, cualquier palabra. En este sentido asociar un concepto a un libro no es gran cosa, pero ¿quién es tan exigente?

Se puede argumentar que el Ego es un motor de vida, puesto que las ambiciones que genera, ciertamente nos hacen realizar las modificaciones necesarias en nuestro entorno. Sin embargo eso es darle al concepto una envergadura que no tiene, la actitud “egoísta” no es más que el anverso, la otra cara, del altruismo, la mutua cooperación, forman parte del mismo acto, me cuido tanto como al otro. Es natural velar por el bien propio, pero eso no es Ego, en el sentido peyorativo que estamos analizando. Desear más de lo suficiente define mejor el concepto de Ego, de allí parte. Es brumosa la idea puesto que lo que sobra y lo que calza en nuestras vidas es un dilema diario, por lo cual cada persona es presa del Ego en la medida de su sistema moral. Librarse del ego parece un problema insoslayable. Este nos mantiene tensos, ruborizados, acomplejados, y sin merecerlo nos aleja de las ventanas de felicidad que la vida parece ofrecernos, a veces el Ego es como un cartel que le anuncia al mundo que también somos miserables. La lucha diaria más común es la que hacemos frente al Ego, pero el de los demás, tratamos de arrancárselos, es peligroso para nuestros intereses. La lucha más difícil, la menos común, y la más lógica, es la que hacemos frente al ego propio. Quemar el ego, es paso constante y fundamental en el creyente, al menos el cristiano, “Niégate a ti mismo, y sígueme”, suena muy parecido a “Deja de reclamar, y confía”, creo que las razones por la cual desconfiamos tienen mucho que ver con el Ego, más de lo que parece. Bueno, en esa línea un tanto mística, y acá hago particular lectura, sin imponer la visión y abierto a la posibilidad de que esté incurriendo en el error, se encuentra a Sallinger, que con “Franny and Zooey”, hace uso de la realidad cotidiana de una curiosa, pero al parecer, típica familia norteamericana (Es la historia de tres hermanos, principalmente) para narrar la batalla, quizás la propia gran batalla de Sallinger, contra el Ego. No es claro si el libro presenta la consecución de la “Liberación del Ego”, como un objetivo de trascendencia espiritual, o como un hermoso y originalísimo objetivo al cual puede aspirar el ser humano como, aquel común y corriente, que es vapuleado por la vida, con un énfasis especial en aquellos que no quieren negarse tomar conciencia de la realidad que se nos escapa eternamente. En ese sentido “Franny and Zooey” viene hacer el complemento de un argumento que deambuló brevemente en otro de sus libros, y que dio título a “El guardián entre el Centeno”. Cuando la pequeña hermanita del protagonista le interroga respecto de las intenciones que éste tenía con su vida, él le replica evocando una imagen muy conceptual. Contesta describiendo un gran rectángulo, cubierto de algo así como paja o centeno, que constituye el borde de un gran precipicio. Sobre el centeno, juegan muchos niños, diferentes, corren riesgo de caer. Entonces le explica a su pequeña colorina hermanita, que él aspira a ser nada más y nada menos que el guardián, aquel que vigile que ningún muchacho se caiga. Si cada muchacho jugando representa un deseo, una idea, un sueño o ideal, distintos entre sí, entonces el joven protagonista se transforma en el concepto mismo de la entrega hacia los demás. Mientras el resto está preocupado de sus choques, y juegos, siendo reconocidos por sus pares sobre la paja, el joven protagonista aspira nada más que a preservar la vida, lo justo y lo suficiente, adiós al ego.

Al parecer esto se ha extendido demasiado, quizás prosiga con las demás palabras y libros en otra entrega, gracias por leer a Bob.

05 diciembre 2005

La historia que no vale la pena contar

Se estaba yendo para su casa, luego de la juerga de turno, los personajes de siempre, las conversaciones adecuadas. Una vez más todo había salido como correspondía y ahora era tiempo de ir a casa, donde nunca quería llegar. Pero siempre llegaba, y se desquitaba de esa llamada desdicha con todos los que vivían allí, incluida su madre, quien le cuidaba como único primogénito; incluso con Oso, el perro, que solo movía la cola cuando él se acercaba. Entraba a su pieza con unas ganas tremendas de encontrar algo que reprocharle a cualquiera, y todas eran excusas: un ligero desorden, algún mandato no cumplido, etcétera, el estallaría en gritos y no había mucho que hacer. Al menos ya era demasiado tarde.

Según la madre, tantos años de salir-a-tomar-con-los-cabros le había hecho mal para su actitud. Recuerda que antes de él salir de cuarto medio, era lo más sano que se podía pedir; de hecho, ni siquiera había probado el alcohol. Una vez que comenzó a salir a hacer una vida en un universo algo más abierto a sus deseos, sucumbió su espíritu dadivoso y maleable: una frase dicha con la suficiente convicción, por cualquiera, era tomada como hecho, y así muchos charlatanes fueron formando las costumbres del muchacho. La ternura era tabú, la rudeza, símbolo de virilidad. Tuvo mala suerte, habrá que decir, este cabro; no todos los caminos vacilantes, aunque una gran mayoría, llegan a estos lares.

La evolución es clara, las estadías en casa significaban para él, el único lugar disponible para dormir, y la hostilidad adquirida al haber sido acostumbrado de tan vagas, pero poderosas y funcionales costumbres, era cada vez más impenetrable. La madre hizo lo posible, aunque ella piense lo contrario. Ante una persona tan poco definida, con tantas culpas acumuladas, los caminos se pueden bifurcar de muy distinta manera, y esas culpas iban directamente al padre, y a la madre, y a los hermanos, en fin. No había culpa en ser como él era, sin embargo, no había posibilidad de ser como él era, en ninguna parte con algo de sociedad. El abuelo solía darles coraje a los padres para que le dieran una paliza a su debido tiempo, un gran y vistoso golpe de sociabilidad, una manera de convertir ese poderoso orgullo que tanto lo alejaba de la familia, en un valor algo más colectivo. Había amor en su severidad, quizás demasiado escondido para que sus padres se dieran cuenta.

Mala suerte, tuvo el muchacho, pues necesitaba del amor a la fuerza de sus padres, de los cuales perdió la mitad en un incidente muy confuso para su entendimiento, de donde se perdió cualquier atisbo de cariño en él. “Lo perdimos”, pensaban al verlo, ojos siempre esquivos. Fueron compensadas las horas de angustia con horas de inconsciencia, aceptaba todos los ofrecimientos, era su puerta de escape. Su madre nunca desistiría en sus intenciones de acercase a su corazón, a hacerlo sentir en casa, pero ya no había caso. Su amor era tierno y acogedor, pero no podría hacer mella en él hasta muchos años después.

La historia que te contó a ti fue que salieron a carretear a Donde Tomás, que se habían tomado unas 15 chelas entre tres, que todos los miraban porque tenían la mesa llena de botellas, y que después de salir, el Charly se quedó dormido en el paradero y él no se acordaba como había llegado a su casa… y siempre te lo contaba entre risas.

27 noviembre 2005

Reclusión

El maestro Sémpulo pone como primera condición el que ambos estemos dentro de la antigua sala de edición, durante a lo menos cinco días, escribiendo con vehemencia, no hay temas en específico, no hay límites, sólo escribir y escribir, durmiendo lo menos posible (eso queda a nuestro criterio) y comiendo las raciones que el mismo maestro nos va a destinar. Estaremos uno frente al otro, tú mirarás a través de la ventana, la colina del verde más intenso, y te distraerán las diligencias que por ésta época traerán los jabones y menjunjes desde la ciudad, yo en tanto, estaré algo distraído por el fogón que se mantendrá encendido para hacer la tarea más compleja, así lo dispuso Sémpulo. El plazo consta de una cota mínima, pero según el maestro, no es necesario especificar hasta donde llegará todo. Por momentos siento un gran tedio respecto a esto, pero es más fuerte la convicción. Si tú no aceptas, esto no se hará, así que espero tu respuesta mañana. La Monta Gaborna se guarde en tu lecho para que la gran mente limpie tu sueño del hastío, de la pena y muerte que es ser el que no quieres ser.

Bien muchachos, sean dignos de la decisión que los trajo hasta acá y culminen la empresa. Si no tienen inconveniente, pueden empezar, yo me retiro. Los veo en un par de días.

Ahora iré a meditar, Sémpulo, tienes un gran nombre forjado entre los sabios, pero hasta el más idiota podría comprender el inmenso trabajo que cuesta ser un maestro, lo que nunca comprenderá es el inmenso esplendor que se vislumbra al estar en este estado. Pero ya basta de autocomplacencia, lo mejor será comenzar de inmediato a depurar las iras, ¡cómo se reproduce la ira!, es una generación espontánea, justo como los hombres de ciencia dicen que nacen las bacterias. Concentración, respira, bah, olvidé esa técnica. Estoy preocupado por los muchachos, ¿habré actuado bien al someterlos a una prueba de cuya utilidad y validez no estoy seguro?, claro que sí, no te dejes confundir, ya viste el por qué de ese acto, surgido desde el profundo hálito de la historia que se guarda en ti y todo hombre. Es imposible concentrarse así, lo mejor será vigilar sus palabras, no sea que digan “daga” y surja la daga.

Haber, comencemos por Alberto: “Estado, ni quieras esconderte de mí, con acero hirviendo soldaré las manos que nieguen la justicia, y ustedes, gente limpia y culta, son la injusta escolta del tirano, a quien ya soldé las manos de tanto clamor que tengo”. Creo que Alberto continuará esa ficción por un buen tiempo, y el tono se irá poniendo grosero, pero la muerte no rondará, pues en el centro de cada palabra existirá la gracia. Puedo quedarme más tranquilo.

Y Diego, qué estará anotando: “Tres velas, cuatro tasas, cinco cuchillos, es todo lo que lleva, pero es peligroso por que se le pueden caer todas esas cosas, o peor aún, puede caer sobre las cosas”. Está tratando de concentrarse, no le hace bien la falta de sueño, probablemente luego de un descanso recuperará la senda correcta, forjada de ladrillo indisoluble, y creará pequeñas e insignificantes figuras, quizás apenas forme una columna de tres ladrillos, pero será su columna.



Han pasado tres días y Diego escribe sobre crímenes cometidos en una gran ciudad, está tan embebido que sus ojos ya no son los de un simple narrador, sino que también los de un criminal, y son realmente de un malvado. Si Alberto llegara a cruzar miradas con Diego ahora mismo sería pavoroso, ojalá Alberto hubiera cambiado el tema, pero sigue siendo el ajusticiar impíos su principal narración, los ojos de un asesino y los ojos del que condena a muerte, se pueden cruzar, me temo que es inevitable que se crucen, si es que ya no lo han hecho. Qué inmensa angustia, ambos son tan buenos y puros, pero son humanos, qué gran irresponsabilidad la mía, ¡estoy generando una tragedia!. Alberto: “ …y ya no importa el temor individual, ahora es tiempo de sentir con los sentidos del cuerpo social, ese que tiene una gran espada tangible y espiritual, esa misma es la que se blandirá en tu cuerpo cerdo asesino, ya casi siento que tu sangre es agua que purga el enaltecido cuerpo social..Oh, cuerpo social, te amo”. Es tremendo, estoy percibiendo una infinita tensión en Alberto, estará quizás ajusticiando a su propio amigo, creyendo que es lo justo, confundido entre la realidad o la narración, no me lo perdonaría. Quizás es sólo un temor infundado, probablemente no tan infundado si llegaran al décimo día.

Diego: “Marca tu posición en el terreno de juego, eres pequeño, pero hábil, inteligente como ningún otro, tienes la fineza de Rubio, ¿te acuerdas cómo terminó ese tipo?, primero un don nadie, luego un Dios del fútbol, el futuro de tu país pende de un hilo, y de ti, rechaza la tristeza, la desazón”. Diego está ocupando palabras extrañas, afortunadamente sigue vivo y ha cambiado de tema, quien sabe en qué recoveco de su propio presente eterno está habitando. Siento alivio, ahora estoy pensando que una posibilidad que vislumbré tiempo atrás será la que se cumpla cuando todo esté consumado.

Diego: “Un ser lánguido y de apariencia sincera crea una historia que contiene mi impronta de manera perturbadora, casi podría decir que él mismo es quien narra lo que yo escribo, tal vez es el creador de”
Alberto:” esta historia, y siento que no puedo escribir otra historia más que ésta, por más que sueño personajes, conflictos, o quiera describir ciertas maravillas…”
Diego: “de la vida, no puedo. Siento que esta historia la escribo pero que no es nueva, me es imposible ya mirar a.., extraño no encuentro las palabras para llamar por su nombre al tipo que tengo enfrente, extrañamente cobro conciencia de su presencia ahora, y no me produce empatía de ningún tipo, apenas cobra sentido”
Alberto: “el razonar sobre esto, de alguna extraña manera me invade la tristeza, no, más bien es espanto, me desdibujo, y toda mi identidad está volcada al papel, soy lo que escribo. No he mencionado un hecho terrorífico”
Diego:” un hecho que me tiene intrincado hasta la médula, y es que mi voluntad, esa que se expandió al paso de las horas, existe, pero tiene tiempos secuenciales, siento como si al tiempo en que yo existo excluyera el Ser de algún otro, como si mi narración no fuera sincrónica, sin embargo, la siento fundamental para que suceda lo que libremente surja, soy pasado fundamental para un futuro que no necesariamente pertenecerá a lo que yo narre, está tan atado el futuro a mí como yo a él, una historia tan enorme que la construyo al mismo tiempo que ella se auto construye”
Alberto: “Tengo un cuadro hermoso a mi lado, trato de inventar otro escenario, pero de mi mano sólo surge la verdad ineludible, mi cuerpo está exhausto, y no podría poner un adjetivo diferente, pues está exhausto, y siento la obligación de aclarar que necesito detener esta vorágine, por más que traté de evitar el que se aclare el hecho de que estoy exhausto no puedo hacerlo”
Diego:”es imposible que culmine esta historia, no está en mí el hacerlo, quien escribió la inverosímil situación de dos tipos escribiendo como locos”
Alberto: “está pensando, en estos momentos, que los protagonistas deben guardar profundo silencio, por que ese es la única razón de un final, no es la intención de acabar una determinada historia, sino la condición natural de volver al silencio”
Alberto: “en algo más de tres líneas desataré el silencio de mi historia, no sin antes mencionar de que a quien describo como el creador de esta historia, probablemente esté siendo acallado por una narración ajena a él, como una nueva medida de piedad por parte de quien o qué esté tras de su escritura, que ya también es nuestra”

14 noviembre 2005

Cultura

Incontables veces en la misma situación, en algunas, toma armas y
muero con valor, en otras, solo el tiempo me acompaña, en el sepulcro
hasta la muerte.
Estuve al principio, cuando Alejandro invadió el mundo, morí frente a
su hierro, y morí nuevamente frente al hierro persa, Lloré dos siglos,
delante de las ruinas de la biblioteca de Alejandría, me desangré al ver como se prostituyó helena en el entrecasco y la entrepierna romana.
En Roma me desaté, presidí sus fiestas y orgías, mientras me forjaba
para el futuro en los estudios de los sabios.
Gracias a los brazos de Roma, me extendí por el mundo, luchando mi
propia guerra, sin sangre, sin sufrimiento (físico, al menos).Pisotee
varias culturas, antes de ser pisoteada por las olas de bárbaros del
norte.
Escondí mis alas y me refugié en Bizancio, adopté el Cristianismo, que
sano muchas corrupciones y produjo otras. Me desarrollé en Asia, bajo
el imperio del sol naciente, en China y sus alrededores, me mantuve
incólume por cerca de 4000 años, mientras en Europa vestía de monje y
acumulaba vasallos.



Esperé un tiempo razonable, hasta que Europa quizo humanizarme, deje
las altas esferas metafísicas, para centrarme en el hombre. Mis
cirujanos me reconstruyeron, y pude percibir nuevamente a la helena de
antaño, joven ya no, mas muy alegre.

Los Hombres, que siempre me aman, me llevaron en barco, a recorrer el
mundo, así, acogí a los indios en América, destruí sus dioses paganos,
se generó una nueva raza, desde donde nuevamente pude tomar bríos y
renacer, como tantas veces en la historia del Hombre.

Así Infinitas veces, los españoles me pusieron en boca indígena,
además de sus enfermedades y su idioma. Extendí mis brazos, a cada
libro que llego al nuevo mundo lo bauticé en mi nombre.
Ahora la mayoría de las culturas precolombinas solo sobreviven en
museos, mientras yo me esparzo por las mentes de los hombres y
mujeres, algunos se niegan a morir, pero aún así, el tiempo los
matará, el tiempo, que en cierto modo también me pertenece.



Algunos critican, sobre la transculturación de los pueblos, que
deshace los rasgos propios de cada cultura particular, volviéndose en
una mezcolanza de actos sin identidad, pero ¿que es la cultura?, sino
mas que eso, la mezcla de ideas, que a veces pisotea sin querer lo
propio, o lo ajeno, no creo que esté mal, mientras podamos ser libres
al expresarnos, y pensando, profundamente si lo que hacemos, nos hace
bien como seres individuales y colectivos. En un tiempo sabíamos que
los derechos humanos eran buenos, en otro los negamos, y aún lo
hacemos, la cultura en si no es buena o mala, no podemos pretender que
todas las culturas permanezcan inalteradas, porque no es así como se
desarrolla el planeta, ya lo hemos visto, por lo que hay que velar es
por la libertad al hacerlo, ya pasó el tiempo de guerras y pisotones,
ahora busquemos la libertad (el el sentido total, inalcanzable casi),
en todo acto, incluso en el de elegir, que somos y de donde.

03 noviembre 2005

Era un Conjunto de Almas

Dueña de una de las risas más estridentes que haya escuchado, la señora Amada sorprendía siempre a los vecinos con grandes banquetes y fiestas memorables. Era inevitable, te envolvía en un manto de miradas y risas, mucho tacto, te llegaba al hueso en un par de segundos, el sólo avistamiento de su figura significaba un cambio de planes. Por años, ella fue el significado de comunidad para todos los que vivíamos alrededor suyo. Aunque inició como una verdadera molestia. Era costumbre asomarse por la ventana al salir, sólo para evitar el encuentro –siempre entrometido, nunca diplomático- con ella, un huracán sin fin. Siguiendo con las tácticas evasivas durante largo tiempo, se esperaba inminentemente el alejamiento definitivo, el captar las indirectas, mas lo único hallado fue una tozudez sólo comparable con la de la naturaleza misma. Brava, pesada masa de inercia, la señora Amada.

Luego del incómodo comienzo –cuando las vecinas se encontraban regando el jardín, de ella es de quien hablaban-, la señora Amada empezó a ganarse el cariño de todos con gestos inauditos: sorprendió al pequeño Ismael por la ventana de su cuarto, esa semana que le dio varicela, llevándole una tele que le sobraba –los papas de Ismael no tenían mucho dinero, hay que recordar. Al esposo de la Nacha, se lo ganó cuando le llevó un humeante plato de su especialidad, charquicán, el sábado en que se quedó solo en la casa, trabajando. Cosas así la pusieron por sobre su poco entendida personalidad, trascendió por sobre sus debilidades, y los vecinos llegamos a ver quien realmente era, porque su ser era demasiado grande para poder ser otro a la vez.

Una vez que comenzó a ser parte de nuestras vidas, llegó a posicionarse de manera tal que su ida fue muy sensible, dolorosa, un grupo de órganos que no funcionan bien ante la ausencia de otro. Ella era a quien todos acudían cuando tenían un problema; ella era la primera que estaba en la puerta de tu casa cuando algo bueno había ocurrido; ella, la primera invitada de la lista. Pero no me quiero adelantar.

Cuando salía del trabajo el día viernes, pasaba al supermercado y buscaba una botella de lo que fuera y una bolsa de hielo, era esto a lo que nos tenia acostumbrados, así como Jorge siempre era el encargado de los aperitivos, todo esto para el “ritual de la tía Amada”, como le llamaba. Este siempre era una sorpresa, nunca sabías que es lo que iba a aparecer esa semana, pero como niños alrededor de una fogata en el bosque, nos quedábamos quietos y ansiosos, dejando escapar la imaginación. Y era éste su pequeño secreto, ponernos en circunstancias conocidas pero muy olvidadas, recordándonos que alguna vez, quizás por solo un instante, vivimos cosas muy contradictorias a las vivencias actuales. De estas reuniones uno nunca salía igual a como entraba, el tiempo parecía perder sus propiedades estando dentro de esa casa. De esta manera, siendo todos los vecinos de la cuadra invitados, se empezó a crear un sentido de comunidad como nunca antes había visto. Éramos todos cómplices, todas las cosas que vivimos con la señora Amada nos metía dentro de una dimensión de la que sólo nosotros conocíamos su existencia. Así fue como empezamos a organizarnos como conjunto de personas, un conjunto totalmente homogéneo, que salía a las calles siempre con una meta clara y unánime.

De las primeras cosas por las que "salimos a las calles" se cuenta la lucha por conseguir un parque para los niños, el cual se logró llevando una convocatoria del 100% de los vecinos todos los días a la puerta del alcalde, durante casi un mes. Siempre había alguien que podía suplantar a un ausente, el compromiso era el mismo para todos, por lo que la cantidad de gente siempre fue la misma. No había mentira que aguantara un mes, así que después de unos meses de construcción, los niños estaban columpiándose y jugando a la pelota en el flamante pasto. No sintiéndonos lo suficientemente victoriosos, pero sí más vigorosos y seguros de nuestras capacidades como un todo, fuimos tras metas un poco más ambiciosas. Con la misma perseverancia, logramos una y otra vez lo propuesto, aunque cada vez las barreras a derribar eran más y más fuertes. De esa manera se llegó a luchar directamente con el gobierno, una batalla terrible, mucha de nuestra gente perdió el trabajo por tal devoción a la que llegábamos en nuestra causa. Las fuerzas parecían mermarse, pero había algo que nos mantenía a flote, mejor dicho, alguien. Creo que saben a quien me refiero. Ella nos organizaba y mentalizaba cada vez que había una nueva causa, relativizaba los peligros y las dificultades de manera de que todos salíamos a las calles con la cuota justa de compromiso y seguridad. Cuando estábamos frente a las autoridades –ejerciendo siempre la resistencia pacífica, nunca llevando ni armas ni actitud bélica- nos hacia reír y dirigía todos los gritos, ella era quien conversaba con los peces gordos, quien entregaba las cartas, quien unía más gente a nuestra causa. Siempre llevó al grupo con ejemplar liderazgo y seguridad. Nunca se salió de sus cabales.

Como decía, se llegó a luchar directamente con el gobierno, en una lucha incesante y eterna, fueron meses de levantarse temprano, escribir los carteles con los que saldríamos a la Moneda, llegando allá a las 9 de la mañana, resistiendo cualquier contratiempo, demostrando un enorme compromiso por la causa, la cual era bastante compleja, e involucraba leyes a cambiar, movimientos políticos y una inyección monetaria importante. Cada día la señora Amada llegaba con una nueva carta para el presidente, con distintas ideas y motivos para que las cosas sucedieran. Y luego de un tiempo, se empezó a ganar atención; la presión contra el gobierno creció y la gente empezaba a tomar en serio a este grupo de personas normales. Entonces, las cosas cambiaron.

Un día de esos estaba lloviendo a rabiar, pero a pesar de que le advertimos a la señora Amada que era mejor que no fuera, que dejara a los más jóvenes por esa vez, ella fue. Y al día siguiente, un horrible y estruendoso grito nos despertó en la mañana. Era ella, pálida, temblando, se había caído en la ducha, tratando de levantarse para no dejar de ejercer su liderazgo. “Parece que se rompió la cadera”, es lo que les dije a todos cuando llegaron a verla al hospital, leyendo de mis ojos el triste acento de las huecas palabras, porque eso no era lo peor: había contraído una neumonía, que a su edad podía llegar a ser fatal. Ese día no fuimos a la Moneda.


La primera noche en el hospital, me quedé yo y tres vecinas más, sentados en el pasillo, cubriéndonos con unas frazadas y comiendo lo que nos iban llevando el resto al pasar las horas. Se me ocurrió entrar a echarle un vistazo, mientras las chicas dormían, a pesar de que lo tenía prohibido. Lo único que encontré fue un cuerpo inerte, siendo ayudado para mantener la respiración. No había risas exageradas, no había señora Amada.



Próximamente, el imperdible desenlace de… Era un Conjunto de Almas.

30 octubre 2005

Yo - Pueblo

Pasan acá tantas cosas,
me duelen las muelas,
mis quijadas ya no aguantan, y mis piernas son flacas.

El hambre es mi cena la mitad de la vida,
tengo la mar al frente, y una montaña bajo el trasero,
he venido aquí no sé ya cuanto tiempo,
los ojos de la gente, llenos de ego,
eso es peor que el frío. Si la vida me alcanzara
para disfrutar más de estos momentos, estaría agradecido,
pero el cuerpo no resiste tanto, creo que en no más de un año,
mis barbas serán ataúd blanco, que avise a los pájaros
que la cena está servida, por mientras, el cielo es azul intenso,
y ayer fue gris, llovió, y fue bello.

Estoy viviendo para otros,
tengo tantas cosas en que pensar estando solo,
hay tantas historias en una cárcel como en una rama tocando el mar,
¿por qué tantas cosas si el paisaje es el mismo?;
¿por qué soy tan feliz y ésta montaña tan triste?;
tan vivo yo, y tan fatídico el mar;¿
por qué recuerdo un pasado feroz, si no necesito el pasado?,
lo estoy averiguando.

Mi duda más grande es saber donde estoy,
ya sé que todas mis dudas
son gula, pero ¿dónde estoy?
Qué hay más allá del agua que rodea esta
montaña solitaria,
será verdad que este mar azul son negras pupilas,
y que a este cielo lo enmarca un cráneo,
y que cada ventisca
que desordena mis vestiduras, justo como ahora,
es un poema que están leyendo.

28 octubre 2005

Inminente Inmensidad

















No puedo explicar
Por qué veo lo que veo hacia delante
Es tan vívido, tan real
Estoy seguro de que será así
Que tendrá un bello comienzo
Un adorable desarrollo
En algún período de tiempo
Esa imagen invade mis esperanzas futuras
Me llena de confianza, de vigor
Todo será mejor en unos años más

Sin embargo
Esa imagen esta intacta
Hace muchos años
Mis planes han ido avanzando
Me acerco a lo que se llama
"estabilidad económica"
Y el bello comienzo
No sucede

Consiste básicamente en una familia
En una tranquilidad
Incorrumpible
En infinitos pastos verdes
Con infinitas amistades
Techos demasiado altos
Para ser tocados por personas
Cielos como cobijas, arropándonos
Cuando nos quedamos dormidos
En el verde eterno
Confundidos por la inmensidad
Sumidos en la rutina perfecta

Los colores son tan poderosos
Que una vez que empiezan a desplegarse
Solamente cierro los ojos
Y me dejo llevar
Y la realidad se relativiza
Cada vez más

Pareciera que estoy listo
Para la explosión de colores
En definitiva, para ti
Desde que la realidad ya no es la misma para mi
Que para los demás
Rezo como nunca lo hice, con fervor
Porque no te conozco
Me embriago con la esperanza
Mientras me ahorco con la realidad