Todos los días los veía en las esquinas, cuando iba a dejar a sus hermanos a la micro, con sus atiborradas mochilas y exorbitantes libros, obligando a todos los transeúntes a observar su realidad. Ella los miraba con algo de celo: representaban la persona que alguna vez quiso ser. Porque en lugar de los libros, tenía en sus manos dos manos pequeñas, en vez de jeans y "ropa de calle", pantalones de buzo raídos y manchados hasta por el revés. Todos los que estaban en ese paradero estaban viviendo el presente como medio para planear el futuro; ella no podía darse el lujo de mirar hacia adelante. Pero todo lo que pasaba en ese paradero todos los días podía cambiar de repente. Por suerte creía en los golpes de suerte, y así seguía la rutina del fracaso. "El país está creciendo, todos los que conozco han conseguido mejor pega, el cobre esta por las nubes, mi casa antes no era casa. Todo esta mejorando, por qué yo no podría mejorar?".
Con esto en mente aquel martes, con la mesa puesta hace un rato, se enteró de que sus hermanos habían sido arrollados, camino de vuelta a casa, por una micro. Lo peor temido después se hizo realidad: ninguno de los dos sobrevivió. Después de saberlo, recordó los pensamientos de la mañana. No lloró a sus hermanos. Al llegar a casa, después de los trámites de rigor, vio la casa sola y los tres puestos en la mesa. Guardó todo rápidamente y no durmió hasta que terminó de planear sus próximos pasos. Al día siguiente salió a buscar trabajo y folletos. El mes siguiente estaba trabajando y estudiando en un instituto. Decidió prescindir de la ayuda de su abuela -que mantenía a sus hermanos desde que vivían solos- y, antes de darse cuenta -qué son los años-, ya tenía un departamento en un buen barrio, un trabajo estable, pero más importante, una vida que dependía totalmente de ella. Hubo que derramar sangre, la de sus hermanos, su sangre, para que fuera posible.
Una mañana, 6.45am, saliendo de su casa al paradero, se dio cuenta: vio a una niña con dos pequeños delante suyo, corriendo, sueño en sus caras y peinados improvisadamente, Cristián, Luis, vengan aquí! les gritaba la niña, ellos volvían y se colgaban de sus brazos y se quedaban ahí hasta que la micro llegaba, para perderse en esa selva de piernas grandes. Cuando se hace el resumen o el recuento de una vida, se muestran los acontecimientos más notorios, y ella siempre quiso que en el recuento de su vida aparecieran los logros académicos y materiales, pero parada frente al paradero a las 6.45am todo eso valía nada. No hizo más que llorar, llorarlos sin contenerse. Trató de explicarse su dedicación por su vida profesional como un tipo de vendeta, de revancha, todos los logros que había alcanzado representaban los anhelos suyos y de sus hermanos, los que no podrían haber sido cumplidos de no haber pasado lo que ya todos saben.
Pero el duelo duró poco, la sangre en el asfalto y bajo las ruedas le regaló familia, una muy diferente de partida, una familia que no tendrá casi nada en común con la que conformaba con sus hermanos, pero esa sangre, la de sus hermanos, su sangre, pasará a sus hijos, y a los hijos de ellos, todos serán un homenaje en vida para Cristián y Luis, fundadores de una generación más tranquila.
La manera más fácil de escribir es haciéndolo sobre uno mismo. Por si no se han dado cuenta, casi todos los escritos de mi autoría están en primera persona, y las situaciones y pensamientos del "personaje ficticio" son sólo interpretaciones o versiones de las propias mías. Y está claro que se puede escribir con autoridad y, a veces, con gran fluidez, acerca de uno mismo: es lo más simple para mentes sin imaginación.
Hago esta aclaración al verme tildado diariamente de egocéntrico, siendo majadero un mostrar mi visión de las cosas continuamente. Pero como verán, es culpa de la falta de imaginación -el talento vendría a ser lo mismo. Aunque quizás no sea tan sencillo. Puede ser también culpa de los escritores y aquel oficio en general. Uno se imagina que escribir es lo que saben, quieren y necesitan hacer; los porqué de cada uno difieren, pero no creo que racionalmente, luego de emitir la frase "seré escritor", venga el omnipotente ego. Es algo que no tiene que ver con los motivos ni con las palabras, viene intrínsecamente con la profesión. Y es cosa de analizar básicamente lo que un escritor hace: transmitir -ya sea por necesidad o voluntad- hacia toda la gente que se interese, lo que está en su mente. ¿Es lo que está en su mente algo demasiado particular de su persona? seguramente; ¿Tenemos la necesidad de conocer lo personal y particular de una persona? Esto nos lleva casi al concepto de vivir en sociedad -según quien les escribe-, que es el de conocer y comunicarse con las personas que están a tu alrededor, para de alguna forma conocer otras realidades, ojala algo distintas a la propia, con un objetivo específico: recavar información. Una vez que tenemos más información en nuestro disco duro, aumenta la seguridad y confianza en el entorno y dentro de sí mismo. Pero siempre es más fácil con un ejemplo: ante la entrada de ladrones a la casa de Bob, descubriste que entraron porque este dejo
la puerta abierta y un pastel en la entrada. Por lo tanto, cuando salgas de tu casa y hayas hecho un pastel, pensarás en aquello, y tendrás un robo menos en tu mente.
Entonces, cuando lees un libro y aparece gente que vive una vida, que tiene carne bajo la piel, quieres seguir leyendo, sin pensar tanto en que lo que lees fue escrito por alguien más, sino absorbiendo lo leído de igual manera como si fueras testigo visual y fisico de la historia escrita. Acá es donde el ego se desvanece y pasa todo a ser un archivo de experiencia humana más. Ergo, el oficio del escritor no contiene al ego, dentro de su utilidad para el resto de las personas -desde este punto de vista, no tiene fin en sí mismo, aunque ese es otro tema.
Parece todo claro, pero el punto de discordancia, al demostrarse lo anterior, es el siguiente: ¿está el escritor de estas palabras inserto en el oficio de escritor?.
Al levantarse Carolina dejó caer la Biblia que estaba en el velador sobre el paño verde, sin reparar en aquello, continuó buscando lo que la urgía en ese instante. Mas pronto se desocupó y volvióse a concentrar en el paño verde sobre el velador y en ella misma que estaba frente al paño verde. Pensó que todo estaba bien, por lo tanto prosiguió en la ejecución de una tarea un tanto más trascendente que la anterior. Una vez acabada la tarea, volvióse a concentrar en el muro tras el velador delante del cual estaba el paño verde, reparó en la cercanía de ella con la Biblia, que ya no estaba sobre el velador sino que en el piso. Reparó también que no la recogería sino hasta dentro de una media hora, puesto que su posición ya no era vertical, ahora su cuerpo formaba un plano que casi se superponía con el del paño verde que estaba sobre el velador. Carolina no quiso permanecer más en cama y se levantó raudamente ante el insistente llamado a su puerta de color rojo intenso. Toc, toc, traigo el periódico de ayer, dijo la pecosa que solía ejecutar tal labor. ¿El Quince de La Serna?- Sí- contestó la que solía ejecutar tal labor. Desmemoriada, te lo compré ayer. Sí ya sé, pero hoy se lo regalo. Carolina, más exasperada que contrariada,
cerró la puerta con vigor, un dolor de cuello que se le venía incubando un par de horas atrás había quebrado su tranquilidad antes de que abriera la puerta de rojo intenso que siempre había sido color madera. Ciertamente reparó en el cambio de color, pero fue un susurro timorato no más importante que la súbita flexión que realizó con su cuerpo para apagar el intenso dolor a la espalda. Los ojos palmo a palmo con las rodillas, respiración acelerada, rojo intenso en el rostro, ambas manos rasguñando el piso, músculos estirados. El dolor aliviándose coexistía con la dificultad para erguirse luego de la flexión, dos manos pequeñas y blancas, secas, como empolvadas con harina, le ayudaron a pararse. ¿Cómo entraste?, me asustaste, no quiero tu diario, dijo ya con menos dolor. -Es el diario de ayer, es gratis-. Qué te pasa tonta, ándate, ándate, le voy a decir al guardia que me devuelva mis llaves, ¡qué mal uso!. No tengo llaves, lea ignorante. Las manos blancas y harinosas contenían los empujones llenos de pavor, sinérgicos, de brazos que no respondían. La mujer del periódico estaba ya en el umbral, aún musitando: "El de La Serna", "llévelo", Carolina la expulsaba, hasta que jalonaron a la vendedora que regalaba diario y la pusieron fuera de una buena vez, algo de cordura, e incuso compasión, manaban de ese breve apoyo a la dueña de casa. Carolina, por un instante tranquila, alzó la mirada y vio sus llaves frente a ella, era el guardia, y sus ojos exigiendo explicaciones, anularon el entendimiento de Carolina. Con una sola cosa en mente, pero ejecutando un plan que no se justificaba con una sola cosa, dejó al guardia en el umbral y caminó hacia su cuarto, reparó que ahora el paño verde estaba sobre la Biblia. Hay categorías de terrores, y éste último fue tal que abismada corrió en busca del guardia que, hasta donde ella sabía antes de recostarse, estaba de vacaciones. Este le abrazó y le sonrió, Carolina no atinó a nada más que romper a llorar y volver a correr.
Cogió la Biblia y la regresó a su posición, sobre el paño verde bajo el cual estaba el velador, frente al cual estaba Carolina observando la escena a través de una, dos o tres lágrimas que dieron extraño fulgor a tanta oscuridad, notó con dicha que su cuerpo formaba un plano que se podía superponer con el del paño verde.
Debíamos hacerlo, no era por nosotros, era por ustedes, por la humanidad que clamaba, como un niño a los pies del padre, fuimos ese padre, que castiga al hijo por su bien, amamos al hombre como nadie, fuimos los mensajeros del cambio que necesitaban, no todos pueden ser felices, no todos, por Dios, por su Dios... La guerra y sus consecuencias fueron solo el montaje de un cambio más profundo, sabemos que las bombas no destruyen ideales, pero fueron efectivas en lo que necesitábamos que fueran. No valen acaso millones de vidas la felicidad de una, de una que lo pueda disfrutar. El hombre recibió la tierra y todo lo que hay en ella en sus manos, nosotros lo único que hicimos fue reacomodar esaposición en el universo, ampliando los márgenes del mundo, y elevando la condición humana. De que, de que podría avergonzarme, si este era el siguiente paso; podrían haber reclamado cuando se inventó la agricultura, podrían haber reclamado cuando intervinieron la vida, cambiando esa insensible ilógica que llamaban moral. Acaso no llevan mucho tiempo con la vida acuestas como para venir a llorar ahora?. Antes, lloraban por trivialidades, el amor sensible, la muerte, fuimos nosotros quienes arrancamos sus pechos, quienes les enseñamos lo miserables que podían ser, no se puede redimir sin sufrimiento, no se puede ser feliz sin haber llorado desde el estómago. Les dimos la Luz, ustedes se taparon los ojos con barro. Todo aquel que ha sangrado al borde mismo de la muerte quiere siquiera picarse un dedo nunca más, nosotros teníamos el poder de encarnar la violencia pura, a modo de tatuarla en la conciencia humana, para que nunca nadie se atreviera a alzar sus manos en contra del prójimo, y lo hicimos, no era mas que nuestro deber. No crean que tratamos de enseñarles el bien por medio del entendimiento, lo intentamos, mas de dos milenios, pero el hombre es el ser mas débil de la creación, no aprende mas que con caídas, necesita marcas indelebles en su cuerpo o en su alma para recordar lo que debe y no debe, solo fuimos esa marca, que debía trascender en el tiempo, por siempre, en un dolor tan profundo que fuera transgeneracional, una expiación continua y lo logramos, aunque no quede vida con quien compartirlo.....
Esto es porque todos los días la "señora/señor" en la "micro" viene y me mira con ojos desgarradores, me hieren y yo me alejo, después no miro más a la "señora/señor". Es también por las cabezas estudiantes en la biblioteca, que se levantan cuando llego y se desilusionan al segundo siguiente, no me importa, me preocupa que se desconcentren de tal manera por mí, porque nadie me esta esperando nunca en la biblioteca, no conozco mucha gente que vaya a la biblioteca y se siente allí, para ser una cabeza estudiante devoralibros; si nolevantaran las cabezas, podría sacarme los audífonos de vez en cuando, si no cuchichearan a mis espaldas yo dejaría de encerrarme en el cubículo que escojo como hogar momentáneo -me da horas de sueño y estudio y a veces comida y relajo-, pero cuando me voy de allá, ya no es hogar, de nadie, otro día voy a escoger otro cubículo y será como mudarme, pero como son momentáneos hogares, la mudanza durará un par de segundos, mi yo no sufrirá por las extrañas paredes, porque los cubículos son todos iguales, que práctico, ahora entiendo a esa gente del gobierno que hace todas las casas iguales, es para que la mudanza sea lo menos terrible posible, por dios, que avanzado es el gobierno, y uno que le tira mierda todos los días. Y nadie se da cuenta de que la música me ayuda a que, cuando los mire, no los vea a ellos(ustedes), sino los deforme a antojo como interpretaciones de las melodías escuchadas, y de las letras sufridas, cuando la letra de una canción es muy buena, veo la dignidad y buena voluntad en las personas, aunque te vea que eres en realidad horrible, sé que tienes tu lado bueno, por eso es que la música la escojo yo y no pongo la Rock&Pop. Pero esto es porque, cuando la señora/señor quiere bajarse en la mitad de la calle, impone su corpulencia en forma de pregunta, me deja acá por favor? es lo que dicen sus rollitos bajo kilos de abrigo, pero su boca no se mueve, no se mueve hasta que ve que no
ladejaron donde quería, el desgraciado, cómo se le ocurre, deberían quemarlos vivos a todos... Aunque es por mucho más que por la señora, ella no tiene la culpa, al menos no en resumen, tiene la culpa cuando duele mucho la cabeza y las pilas se acabaron, pero no es ella, esto es porque... los días son pesados, las nenas desvían la mirada... no, no es por eso, en realidad, esto es porque hoy me siento bien, porque la micro es una porquería y la gente te empuja y las cabezas estudiantes nunca hablan de verdad, pero a pesar de todo, todo estabien, y no es el amor, siempre tiene el amor algo que ver en los finales felices, pero no es el amor, es que por fin parezco ser inmune a la ciudad, la ciudad no tiene más armas contra mi. Hasta que las pilas se acaben de nuevo.
Una "generación Londinense" podría ser la que me tocó vivir. No por vivir allá sino por el horizonte de mis aspiraciones más trascendentales, y superficiales también.
Desde siempre me gustó el Ingles. Había un garbo en su fonética, una inverosímil sensación de inmortalidad al hablarlo. Me parecía que el Ingles era una diversión, a cada minuto, no como el castellano que había estado tan arraigado en mí toda la vida que apreciarlo era cosa de vejetes en bibliotecas. Eso para empezar. Como el viejo chico que solía ser, tenía aficiones un tanto extrañas para mi edad, por ejemplo: adorar las bebidas como el té y el café. No sé de donde habré sacado esta maña: Ciertas tardes me posaba en lo más parecido a un sillón que encontrara e imaginaba la decoración de una vieja casona británica mientras bebía una tasa de té, lo que pretendía era gozar de ese momento de calma absoluta, casi enfermiza, pero con garbo, y garbo was London. Aclarar que esta "esquizofrenia" era gratuita, es necesario. Es decir, no veo motivos más que la televisión que un niño de diez años puede ver. Afuera quedaban sentimientos racistas (no los tenía), ni mucho menos de vergüenza por mi patria (la amaba más que ahora). El amor por este arquetipo británico, que probablemente no es tal, surgió de la más pura imaginación de un tele maníaco. No se deben descartar motivos subliminales o de inconsciente colectivo, quién sabe........
La adolescencia y su atracción fatal por lo futil es un factor no desechable. Llegaron los locos años del Grunge, de los Backstreet Boys, de las niñas que iban a fiestas con niños de zapatillas y chaquetas estilo Nick Carter. Yo notaba algo extraño con mi reloj vital, tiempo atrás intuía (no era difícil) que yo llegaba tarde, más que el resto. Me temo que, a la vez, pasaba por una decisión propia, pero ese es otro tema. Odiaba a los Fabulosos Cadillacs (la onda latina buena onda), a No Doubt (qué tanto, si sólo les gustaba Don´t speak); a Nirvana (a pesar de los atributos musicales, su figura era casi tan usada y prostituida como la del Che), Guns and roses (maldito Axel); Backstreet boys (detestaba más a las minas que atiborraban con sus posters las piezas, Nick era omnipresente); El hip- hop (eso, para terminar de cagarla). Obviamente que las fiestas no me gustaban, qué iba a bailar ¿ King Africa ?; ¿ Proyecto uno?; ¿ Gillete? ¿Ilegales?... No, no era fácil la cosa. Ante mis ojos se vendían al mercado los valientes pichangueros de siempre, los de toda mi infancia. Vi como sus axilas, marcadas por el partido en la plaza, se tornaban chanamente hediondas al desodorante Axe que todos sus nuevos amigos usaban. Como sus pelos, simpáticamente indecentes, se tornaban maleables y refractarios producto del gel más ordinario. Me refugié en extrañas cavernas, y me adapté a mi desadaptación, era como un cavernario de cuya vida no se supo hasta que pasaron las glaciaciones. Era un troglodita en muchos sentidos, pero sobreviví, antes no tenía estilo, ahora,.... tampoco (pero la situación pronto sería más
favorable).
Los mamarrachos tienen estilo......Poco a poco fui notando que mi desgano por ir a mega tiendas para obtener ropas nuevas, que por lo demás medio Chile usaba, no era un Karma tan grande como para alejarme del objetivo: tener onda. He de decir que las ropas en extremo "freak" tampoco me causan mucha gracia, salir de una esclavitud para ir a otra tanto o más agobiante no me parece lógico. Lentamente el jeans con la polera hacían nido en el bosque onírico donde crecen y mueren mis gustos. Se iban sumando ciertos chalecos, ciertas zapatillas, ciertos pantalones (de preferencia oscuros), nada muy grandilocuente. Pero postulo que mis gustos no tenían nada de noble sencillez, aparentaban tenerla, pero en el fondo no eran más que la subliminal copia de un mundo mediático que se venía encima con fuerza por esos años. Un universo básicamente musical que englobaba distintos sonidos, rock y pop, buenas y malas bandas, pero todas empaquetadas y vendidas bajo la misma gran marca, la marca de la Isla Británica, el nunca bien ponderado brit-pop. Ahí sí que cabían mis rarezas, no tan raras por lo demás; Ahi sí que valía no tener zapatillas de marca, ni una pinta producida. Los supertalentos musicales hacían un paso al lado para permitir que no sólo la música virtuosa fuera aplaudida, la industria musical daba cabida a bandas que sin ser netamente pop lanzaban nuevas propuestas visuales e intelectuales, con letras que hacían reflexionar sobre la importancia relativa de muchas cosas de nuestra vida. No me era difícil elegir entre los alaridos de Axel Rose y la irónica "Creep" de Radiohead. Decir que me gustaba la música "más pajera" es otra teoría con validez. Sacrilegio omitir a : Blur, Elastica, The Smiths, Oasis, Suede, Pulp......
Los ingleses engendran un nuevo hijo, o todo el mundo y su diversidad cultural lo paren a través de Londres. Otro hermanito que se suma al niño rabioso (little Sam) que históricamente ha sabido aprovechar las oportunidades, humillando no sólo a sus padres que con rabia también le parieron. Este nuevo hijo es medio inmaterial y sus instintos asesinos son inexistentes, es hijo de un lenguaje universal, de arquetipos, más descifrable con poesía que con palabras cotidianas. Inglaterra tiene nuevos hijos y esa es la London Generation....Talking about my generation.
A pesar de que tanto caminar ha desgastado un poco mis zapatos, y de paso, mis pulmones, cuido de llevar mi traje lo mas lustroso posible, después de todo, sigo siendo un caballero.
La vida, ay la vida me ha tratado bien, me entregó un buena familia, una posición social, tenia auto y un futuro, muchos amigos (creo) y un pato. Recibí una educación privilegiada, estudié en Harvard desde los
21, me recibí con honores y un birrete.
En mi animo de entender, me embarqué en estudios sociales, luego de terminar mis estudios de postgrado, de lo que guardo solo buenos recuerdos. Fue en una de esas salidas donde la conocí, y quise especializarme en ella, aprovechar mi juventud, en esos años de mozos 24.
La perseguí días y noches, de una manera un tanto extravagante, mi amable familia quiso internarme, decían que todo eso no era normal, que pensara en mis hijos y en mis abuelos, en mi pato, o mi birrete. Nunca entendieron, un hombre debe hacer lo que debe hacer, sobre todo si se encuentra con su destino, tan de cerca y en la cara.

Sobre ella, que puedo decir, la encontré consolando a un mendigo, que una noche de invierno no tuvo donde guarecerse de la lluvia y las bajas temperaturas. Ahora que lo pienso, ella siempre había estado allí, cuando niño quizás nunca la vislumbre, era lejana creo, mas allí, con el vagabundo, pude verla a los ojos, tan de cerca que congelo hasta mis sueños, tan enajenante como la vida misma, tan grande que ahora la define, para mi.
Su aparición produjo un quiebre en mi vida, perdí el auto, los amigos el birrete y el pato, mi familia sigue siendo buena, pero ya no es mía, aun tengo una posición social, la última, según el censo.
Ahora, estoy viejo y cansado, las cosas se sinceraron con ella y esta a mi lado esperándome, la alcance mientras me alcanzaba. Ahora mi traje ya no esta tan lustroso, mis zapatos se gastaron completamente, al igual que mis pulmones. La vida en la calle es dura, mucho para mis treinta pesados años.
Por última vez, camino sobre la hierba temprano por la mañana, esta se defiende con pequeñas gotitas que mojan mi calzado matutino, mis pies descalzos y entumecidos, que enferman mi cuerpo por última vez, mientras muero en sus cálidos brazos, en una escena no tan extraña para mi...
Era pequeño, bastante más que ahora. Hace un tiempo solía ver al pequeño de entonces como otro sujeto, una existencia que no es antecedente de mi actual existencia, pero poco a poco todo calza. Entonces, era yo el que jugaba en el patio con los muñecos y ladrillos
y hormigas negras y mi hermano. Deliciosos pensamientos, no recuerdo ninguno. Amaba a mi perro, el me amaba a mí, confiaba en mi habilidad para construir lo que fuera con mis ladrillos de juguete, tanto como para jugarme la vida en ello. Las niñas eran un obstáculo que eludía lo más rápido posible. No me costaba concentrarme en algo.
Todo esto era parte de una rutina de niño, nada extraño, creo, pero nada mágico ni misterioso ni demasiado trascendente: no pensaba en nada cuando me estaba quedando dormido ni despertaba con algo en mente. De repente -y era mi viejo el responsable-. empezaron a algunas cosas a tatuarse en mi cabeza, raramente en mi caso la mayoría tenían que ver con la música. Mi viejo poseía orgullosamente un equipo "de última generación", es decir, una caja enorme con muchas perillas y botones que no podíamos tocar, que sin duda, sonaba muy fuerte. Con su voz de tenor, las letras de una canción de Soda Stereo llegaban con claridad a mí y así me sentaba en el piso deteniendo el obrar de los muñecos para recibir, algo desconcertado, el significado de las palabras. Es en estos casos cuando la memoria trivial sirve, mi viejo la sabía utilizar muy bien y, mientras sonaba más o menos "...hay una piedra en mi corazón / un planeta con desilución..." y al verme tarareando más por el ritmo que por las letras, actúa: "ésta canción la escribieron cuando estaban en Bolivia para dar un concierto y ocurrió un terremoto terrible... ves?". Las imágenes de Ceratti entre las rocas y los bolivianos levantando sus casas invadieron mi cabeza, y ante el gesto de lamento de mi padre, pude sentir algo de pesar por los pobres bolivianos. Él raramente me hablaba de esa manera, la comunicación era siempre mediante juegos y dulces, pero una vez que salieron estas palabras de su boca simplemente no las pude olvidar. Y no sé si fue por la canción, por la manera de decírmelo, o por lo pequeño que era. De todos modos, la canción la escuché cientos de veces más y ya no era sólo una canción pegajosa más.
La simple frase del viejo caló hondo en varios sentidos. El más antojadizo de todos es el dominio de la trivia, que salva en muchos casos, pero que carece de fondo -una frase que describiría para muchos a mi viejo. Con la música, y en consecuencia, con las palabras, ocurrió algo más interesante y claro: la canción ya no era sólo una mezcla entretenida de sones y letras, aquello trascendía y se elevaba transmitiendo algo más; y apenas sabiendo leer, las palabras se me revelaron como un mundo en sí mismas, no había límites claros para un pequeño grupo de palabras, los sentimientos que desembocaban de algo tan inanimado era simplemente increíble. Estas conclusiones no salieron del pequeño de entonces, pero son fieles con lo que sentía -o con lo que recuerdo haber sentido.
Pero de todos los significados posibles que le haya podido sacar a lo largo de los años a esta escena repetida -que seguramente con los años se ha visto algo alterada-, el que he sacado de mi padre es un resumen de su manera de ser padre conmigo. Porque no muchas veces habló conmigo temas que de verdad le apasionaran, ni lanzó opiniones acerca de un tema en particular, casi todo era trivia. Pero de alguna manera, a mi no me importaba que carajo hiciera o dijera, porque siempre y de cuando en cuando aparecía con alguna cosa que cambiaba algo dentro mío, como pequeños desvíos dentro de mi trayectoria fija. No sé si quería hacerlo, si lo tenía calculado o si fue sólo el don que tiene el padre sobre su hijo. No importa. Sólo puedo decir que mi padre se justificó como tal con muy poco, y al parecer no necesitaba mucho más.